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12.08.2017
[Análisis] Lenín Moreno y Rafael Correa: la dialéctica de la acción-reacción

Redacción El Telégrafo

Los recientes fines de semana se han convertido en espacios de actividad política de alto calado. ¿Son hechos anecdóticos? No, es la “real politik” que indica que el centro de gravedad en el ejercicio del poder se desplaza hacia nuevos espacios. Este proceso incluye ritmos irregulares, secuencias impredecibles, actores de todo fuste, desenlaces sorprendentes.

La semana pasada, por ejemplo, la sabatina digital del vicepresidente Glas liberó energía política por los cuatro costados y los efectos salpicaron por doquier. La prensa tuvo ahí materia prima y copó espacios exteriores, pero el descenso al hecho relevante es una deuda pendiente.

Este sábado, a la semana exacta del periplo digital de Jorge Glas, el expresidente Correa recurrió también a Facebook para probar otro espacio de opinión política. Durante 57 minutos abordó temas recurrentes. Lo casi nuevo fue que, con tiza gruesa, remarcó su cancha de juego: i) defenderá hasta el final a Jorge Glas, aunque tal decisión tendría para él un alto costo político e histórico; ii) no dejará de taladrar la palabra de Lenín Moreno, en su afán de mermar la creciente fuerza política del Jefe de Estado, quien ha puesto énfasis en la trama corrupción-anticorrupción, que tiene de cabeza a más de un personaje público con chequera privada.

Las prioridades correístas, encajadas en el actual mapa de crisis política, dibujan un cuesta-arriba difícil de superar. Primero, porque Correa va a la zaga del Presidente. Lo suyo es reacción desde Bélgica ante la acción de Carondelet. Y actuar desde esa posición es nuevo para él. Luego, la presencia de nuevos hechos y actores (como el retorno de Carlos Pareja Y.) mueven la agenda reactiva de Correa y atomizan su alcance. Eso dificulta levantar una estrategia política de largo plazo contra el Jefe de Estado, porque Correa se asienta en arenas movedizas y escenarios cambiantes.

Correa dijo ayer que “la revolución (ciudadana) se detuvo el 24 de mayo”. Al marcar su hito del antes y el después, quizá sin querer dijo algo más: desde el 25 de mayo, Ecuador camina por una senda en la que él no se ve, pero tampoco tiene interés en permitir que otros lo hagan.

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