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17.08.2015
Jumandy, un paraíso en las entrañas de la Amazonía ecuatoriana

En medio de la frondosa selva del complejo turístico de Jumandy, en la Amazonía ecuatoriana, se abre majestuosa la entrada a las míticas cavernas del mismo nombre, que invita a los turistas a disfrutar de un recorrido por las entrañas de la tierra.

A cinco minutos de la ciudad de Archidona, en la provincia del Napo (este), se encuentran las cavernas de más de 10 kilómetros subterráneos que, según cuenta una leyenda, hace 400 años albergaron al líder indígena Jumandy y a su pueblo para protegerlo de los conquistadores españoles.

Las cavernas de Jumandy son conocidas por las historias que alberga su interior. Los guías reseñan que el sitio era utilizado por los shamanes para realizar rituales espirituales y para obtener energías.

En la actualidad las cavernas son administradas por los integrantes de la comunidad kichua Ruku Jumandy Kawsay. Pedro Grefa es el líder del grupo de 26 guías y cuenta que en su interior, las cavernas tienen hasta 20 caminos posibles.

Los turistas son guiados por miembros de la comunidad que han sido capacitados y han permanecido días al interior de la cueva para conocerlas bien. 

“Estas cavernas es de nuestros ancestros padres y abuelos, que fueron dueños y hasta ahora seguimos con las enseñanzas de nuestros abuelos que utilizaban estas cavernas para aprendizaje y para hacerse fuertes”, dice Grefa antes de iniciar el recorrido.

El guía tiene 65 años y suficiente energía para recorrer el interior de las cuevas que conoce “como a la palma de la mano”. La aventura de recorrer Jumandy puede durar entre 45 minutos y una hora, todo depende del paso al que vayan los turistas.

El complejo, que cuenta con piscinas, toboganes, senderos, canchas y un restaurante, es administrado por el Gobierno Provincial de Napo. Pero del recorrido de las cavernas y su conservación se encargan los miembros de la comunidad.

Los turistas que no desean ingresar a las cavernas pueden acceder a las instalaciones del complejo que cuenta con piscina, tobogán y canchas.

Por dos dólares por persona, los turistas pueden ingresar y disfrutar de una caminata en medio de un río subterráneo, y conocer las estalactitas, extensiones de barro que se forman de arriba hacia abajo, y las estalagmitas, que lo hacen de abajo hacia arriba. Cuando se unen, logran formar originales figuras.

Al interior, los aventureros se encuentran con los inquilinos del lugar, unos murciélagos vegetarianos que se ubican en las partes altas de la cueva. La recomendación de los guías es no gritar para no asustarlos mientras vuelan huyendo del poco de luz que proporcionan las linternas entregadas por los guías.

Con algo de nostalgia, Pedro cuenta que antes en el lugar se podía encontrar animales típicos de la región amazónica. Sin embargo, con el paso de los años estos han desaparecido. Por ese motivo los 26 guías de la comunidad han tomado ciertas medidas.

“Aquí hay tres especies de murciélagos que ya se han ido perdiendo y hay peces que son ciegos, pero que también hay muy pocos, por eso hemos prohibido las cámaras totalmente, solo que se puedan (los turistas) llevar los recuerdos en la cabeza y el corazón”, precisó.

La laguna es el primer baño del que disfrutan los turistas al ingresar a las cavernas de Jumandy. Se puede cruzar nadando o colgando de una soga.

La primera parada es frente a una laguna de seis metros de ancho que se puede cruzar colgado de una soga o nadando por el centro. Ese es el primer baño del que disfrutan los aventureros turistas que deciden ingresar a Jumandy. Los guías están especializados para conducir a los turistas por ese sendero.

Más adentro de la cueva, se pueden observar figuras como la coliflor, el brócoli o el pene de Jumandy. Este último, es considerado como un símbolo de fertilidad. El mito cuenta que las mujeres infértiles que lo tocan o beben el agua que gotea de él pueden quedar embarazadas y convertirse en madres.

Más adelante, después de visitar los estrechos brazos formados por la acumulación de minerales, se encuentran las cascadas y lagunas conocidas como los “pozos de los deseos”. Según Grefa, uno sirve para el dinero, el otro para la salud y el último para el amor.

Antes de salir de la cueva los turistas disfrutan de un baño en los tres "pozos de los deseos".

En ese sitio los turistas pueden sumergirse y refrescar energías, antes de empezar la escalada por las rocas y salir nuevamente a la superficie.

Quienes no deseen ingresar a la cueva pueden disfrutar de los beneficios del complejo. Fernando Toapanta, uno de los recaudadores del lugar, explicó que cada año llegan hasta el sitio un promedio de 50.000 turistas entre nacionales y extranjeros.

El ingreso al complejo cuesta un dólar para niños y personas de la tercera edad, mientras que los adultos pagan dos dólares. Anualmente se recauda cerca de 100.000 dólares.

El turismo comunitario un atractivo en Misahuallí

Los monos de Misahuallí son los que más llaman la atención a los turistas que visitan ese cantón de la provincia de Napo.

Este pequeño sector de la amazonía también ofrece otros atractivos turísticos. En el cantón Misahuallí, a 15 minutos de la capital provincial, Tena, se puede tener contacto directo con la naturaleza, los animales propios de la región y disfrutar del turismo comunitario.

En el parque central de la ciudad, los visitantes son recibidos por un grupo de 26 monos que viven al aire libre y que son conocidos por su carácter amigable con los visitantes.

Si por el contrario lo que se busca es alejarse del ruido y la monotonía se puede acceder a las comunidades kichuas y disfrutar de la experiencia de vivir en la Amazonía. Para llegar a esas poblaciones se debe tomar una canoa y recorrer una parte del río Misahuallí.

La comunidad Ayllu Aguarina es una de las que vive del turismo comunitario. Allí, los turistas pueden observar tradiciones típicas de los nativos, entre ellas la caza, danza, gastronomía, y medicina ancestral de la que se encargan los shamanes.

A las comunidades se accede en canoa por el río Misahuallí.

Cada hospedaje tiene un costo de cinco dólares por persona y al mes reciben a 20 turistas. Cada miembro de la comunidad se dedica a la pesca, la caza y la elaboración de artesanías.

De esta manera, con poco presupuesto y muchas ganas de aventura se puede tener el beneficio de conectarse con la naturaleza y las tradiciones ancestrales.
Fuente: Andes
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